H urgando entre usados en una librería de calle corrientes hallé una edición de Huckleberry Finn editada por Planeta en 1979, obviamente la compré como hago siempre que encuentro una edición de Huckleberry Finn que no tengo (aclaro que no soy una especie de John Cusack en “Serendipity, 2001” entrando a librerías buscando compulsivamente “El amor en los tiempos de cólera” sino que siempre había considerado, por lo menos hasta ahora, como casualidades mis encuentros con Finn). Me senté en un bar de calle callao y mientras tomaba un café sosteniendo esas 270 páginas conocidas hasta el hartazgo, observando la tapa y la sobrecubierta, cuando como una epifanía surgió a mi consciencia una imagen que hoja tras hoja fue delineando un recuerdo largamente olvidado. Corría 1981, tenía yo entre 9 y 10 años y sentado en las baldosas gastadas del patio grande de la casa de mi abuela Alcira en San Nicolás, enfrentado al prohibido patio chico donde se ergu...